viernes, 22 de abril de 2016

Dentro de mi cuarto azul.

Espero ahora sí en verdad no dejar morir este lugar, pero ahora sí de verdad.


El azul desde siempre ha sido mi color favorito, el mío y el de el 87.3% de la población del mundo, estoy consciente de lo genérico que esta preferencia pero mi mente dice que debo de estar tranquilo con eso, debe de estar bien. Mi computadora es de color azul, mi mueble donde dejo mis experimentos para dominar al mundo se asemeja al mar un atardecer muy tenue, aquella chamarra con la que pasé tanto, que hoy en día está en lugar mejor, igualmente refleja el mismo tono de voz que lo ya mencionado así que, ¿por qué no darle ese color a mi espacio de 3 por 4 metros?


Para llegado el año 2012 ya estaba teñido de ese color, en mi pequeño aire de independencia me sentía orgulloso de que así fuera a ser para el futuro.


Y describir todo lo que he vivido en este tan reducido espacio realmente no sé si verlo linealmente o como un conjunto de eventos atemporales, aunque realmente sólo valdría la pena mencionar todos aquellos que me hicieron quien soy hoy en día.


Sí, reconozco y sin temor de nada reconocer que he llorado, el 95% de esas veces fueron en esas 4 paredes. Y han sido tantas las razones. Podría hacer un diccionario con todas las razones distintas por las que he llegado a sacarlo así de lo cruento que lo he sentido, alguna vez fue ver truncada mi vida, el sentir como habría fallado sin saber la razón realmente pero sólo sabiendo que fallé. Alguna otra vez fue por mi imaginación -que en algún tiempo fue mi única amiga-, me consumía creando tantas historias, todas con el factor común de ser yo el culpable. Algún tiempo atrás esa razón fue Ella. 


En contraparte a todo lo ya mencionado, en este mismo espacio, incluso en el mismo punto de éste, he sentido las alegrías y éxitos más grandes de mi relativamente corta vida. La vez que superé todo pronóstico y pude ingresar a la mejor universidad del estado. La innumerables tardes de fútbol, risas, dramas innecesarios, desveladas y ojeras al día siguiente, la gran mayoría acompañado de cierta poni de lentesitos. Cuando descubrí que los números, teclas y frías letras serían lo que llenarían la parte productiva de mi ser por lo que me quedara de días, incluyendo sus respectivos formateos accidentales, descomposición de dispositivos y quejas de mi velocidad de conexión.


Al igual de sucesos, cuantas canciones e historias se habrán reproducido aquí, desde mis leves intentos de salir de la caja de mi comunidad, musicalmente hablando, básicamente mi entera evolución musical; Coldplay, Daft Punk, Caifanes, Soda Stereo, Cerati. En ese específico orden.


Después de este tiempo y viéndolo en retrospectiva, quizás habré perdido una oportunidad única de haber creado un libro de visitas a este espacio, el sólo imaginar lo que tendría ahí guardado podría ser un tesoro histórico más no sentimental, o al menos más histórico que sentimental. Ciertamente no cualquier persona logra entrar a mi cuarto como si alguien en verdad anhelara eso y por lo tanto los que lo logran son personas demasiado seleccionadas, aunque realmente sólo en su momento lo habré pensado así ya que hay quien que si estuviera en ese hipotético libro de visitas, hoy en día no podría ni volver a abrir esa página sin sentir algo.


Todo esto escribiéndolo desde este cuarto, el cual ya sólo visito de pasada debido al rumbo que tuve que tomar en la vida si no quiero que este cuarto sea mi vida entera. Luz apagada, el atardecer iluminando lo poco que alcanza a rasguñar dentro de las paredes, un estéreo entre sombras canta lo que yo le pido con la mejor fidelidad, yo sentado en la esquina más oscura tratando de dejar los problemas y pensamientos en otros lados más allá de este techo blanco, con las paredes llenas de recordatorio del tiempo al pasar, haciendo énfasis en que por más que corra del tiempo no me libraré jamás, mis historias apiladas en los rincones esperando a volver a ver la luz, y un ser, temeroso de la trascendencia de sus actos, tratándolos de reflejar aunque sea en un rincón.



Mi rincón.



El único en todo el mundo.

2 comentarios:

  1. Esto es peculiar, tambien estoy en una habitiación de azul. Aunque mas bien de un celeste cielo. Antiguamente con un empapelado que se iba llenando de moho por lo viejo y la humedad de estos dias. Ademas de la poca ventilación.

    Un cuarto propio es un mundo introspectivo muy personal, donde uno convive sobretodo, consigo mismo. Los gustos de uno, sus espectativas, sus derrotas y logros, sus anhelos y sus explosiones de locura intensa. Paredes que resumen momentos fijos de la personalidad. Me senti identificado a mi manera con tu entrada. Gracias por escribirla. Mucho talento entre tus manos, mi amigo.

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  2. Nuestra habitación está limitada por nuestra imaginación más que por las paredes, no sé cuántas veces me habré mudado pero mi cuarto siempre es el mismo, va cambiando su aspecto conforme cambia mi vida. Cuando era niño, estaba lleno de juguetes y videojuegos, cuando era adolescente, se fue llenando de posters de heavy metal y mis primeros instrumentos musicales (mi guitarra acústica y aquella stratocaster, azules las dos, por cierto), incluso un poni de cuando conocí a los bronies; todo esto continúa en mi habitación, no importa cuántas veces cambie de domicilio, esto representa mi "libro de visitas" que fue algo que me llamó la atención de tu entrada, no registro las visitas de las personas que entran, representan a la gente que entra en mi vida y por algún motivo cambian aspectos importantes de esta.

    Al final del día miro mi cuarto e imagino que todas mis experiencias dentro de él y mis conversaciones en la web se escaparon por la ventana, me siento en silencio y me parece escuchar que el viento susurra que va a cuidar bien de mis recuerdos, me acuesto a dormir y pienso que mis temores no atravesarán esa puerta.

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