domingo, 10 de mayo de 2015

Gris

Estar sentado a la orilla de mi cama solo, en silencio, contemplado lo que es mi vida hasta el día de hoy. Lo más probable es que los demás me vean como alguien feliz, satisfecho en muchos sentidos y con ambición de hacer muchas cosas con si vida. Todo eso son cosas que anhelo todavía pero dudo lograr tener balanceado algún día, día tan lejano como la consumación de mis deseos más profundos.


En la escuela, el lugar donde pongo mis mayores esfuerzos para ser alguien, no soy nada, veo a los demás como me rebasan fácilmente y la selección natural se encarga de lo no agraciados como yo llevándolos a donde deben de estar aunque sean tercos y sigan insistiendo.


Las personas que aprecio y me dieron la oportunidad de llamarles amigos están divididos en dos partes ahora; los que yo por tonto los considero tan cercanos y los que corresponde completamente este sentir hoy están lejos de mí en varios sentidos.
La persona que puedo abrazar cuando me sienta débil, a la que le escribo todas esas letras directas de mi más puro sentir, ella, la que roba cada respiración y cada pensamiento, se va en cada despertar y está en mis sueños, sin ser real y ,si lo es, imposible de algún día alcanzar y menos para alguien tan mediocre como un servidor.

Así es como llego hoy a mis 18 años, anhelando todo lo que nunca logré y en esta cruda vida en que siempre es mal pagado el buen esfuerzo, no queda nada más que hacer.



Sólo tengo ese fragmento para relatar hoy, un breve resumen del todo el peso que llevo en mi consciencia. La consciencia de una simple existencia más, que no trascenderá nunca ni con nadie pero que sus pensamientos dejó en este pequeño diario.


Siguiente paso: despertar y recordar que sigo siendo yo.

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